domingo 8 de noviembre de 2009

Cyrano y la segunda oportunidad


Hace ya algunos años que fuimos M y yo a la ópera por primera vez; una representación al aire libre en el anfiteatro de La Rábida (que ya es decir del aire de Huelva) y sin descansos. Una compañía rusa, sin subtítulos, más dura que el cemento de las escalinatas donde nos sentamos.

En el recuerdo quedó grabado a fuego un aburrimiento soporífero, un hambre como la de los lagartos tras las pitas (que no pudimos resolver ni al acabar aquel calvario por no encontrar nada abierto para un bocado decente) y unas ganas de mear que no he vuelto a conocer. Y todo a la media hora de empezar. Sí que merecieron la pena las estrellas, la frescura de aquella noche de verano y la compañía (no la rusa... sino la otra).

Este viernes me regalaron dos entradas para el ensayo general de Cyrano de Bergerac, una ópera en cinco actos que en estos días se representará en el Teatro Maestranza de Sevilla y que ha cosechado muy buenas críticas y éxitos tras pasar por diversos teatros europeos; así que a pesar de los antecedentes, se me encendieron las luces y cambié los planes que tenía de visitar a la familia. Llamé a mi mercenaria de guardia para que se quedara con los niños y con media hora de antelación, nos plantamos en las puertas del Teatro donde nos esperaba el contacto con las entradas.


Ni que decir tiene que no sé de tenores, sopranos y barítonos, que a duras penas distingo un cubalibre de garrafón de uno de marca si no llevo tomados más de dos, y que mi cultura musical es de muy pocas carnes a pesar de los excelentes músicos que hay en la familia; el Señor no me dió ese don, más allá de cierto compás y menores habilidades de aficionado para aporrear la guitarra en dos o tres ocasiones señaladas en el calendario. Pero sí que me dió buen gusto para algunas cosas y una intuición más propia de las señoras (mi parte femenina, supongo...)


Cyrano, una conocida historia de amor y amistad preciosa, con una música deliciosamente ejecutada por la Orquesta Sinfónica de Sevilla, magníficos decorados... y unas voces que conocían el atajo perfecto para llegar a lo más adentro y emocionar hasta poner los pelos como escarpias al más pintado. No creí que pudiera pasarme con una ópera, pero sucedió... y tuve que limpiar las gafas y sonarme los mocos con el disimulo que pude y ¡sin hacer ruido!


Aún me estoy relamiendo...

Por cierto que en el primer descanso tomamos en el ambigú una copa de cava y unas ricas medias noches para engañar el hambre (también de gañote) y después pudimos cenar en un local cercano ¡Viva la Pepa!, que aunque tenían la cocina ya cerrada, nos hicieron el favor de ponernos una ensalada de espinacas, croquetas de puchero y un foie aceptables con un par de copas de Verdejo frío del que no recuerdo el nombre. Hasta en eso pudimos mejorar lo de aquella primera vez en la ópera.

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martes 15 de septiembre de 2009

Viaje al norte



Siempre he disfrutado los viajes desde que comienzo a organizarlos: decenas de fotos, búsqueda de hoteles por internet (muy recomendable la experiencia en Paradores), itinerarios para exprimir los días o para dejarse llevar, la lectura de guías, la búsqueda de entradas, reservas... recavar información conversando con amigos que hayan estado antes en esos sitios, y en definitiva construir el plan de viaje. La segunda parte es el viaje en sí: la ilusión con la que se prepara la maleta, levantarte temprano e iniciar al alba la ruta con los niños dormidos aun, la música de Amy Winehouse bajita para no despertarlos y la emoción y alegría de M mientras devoramos los primeros kilómetros; extraordinarias sensaciones ante un paisaje desconocido o recreado con anterioridad, hablar con la gente del lugar, degustar los platos de la tierra, el paseo... la mirada.
Tras el viaje queda organizar las fotos, hacer algún montaje con ellas, recordar en la charla nocturna esos momentos especiales que todos vivimos en estas pequeñas aventuras...

Ya de vuelta de nuestro recorrido, estoy en esas... en lo de las fotos, que termina siendo a los viajes como la fase retronasal a la cata de vinos: Plasencia, Salamanca, León, Oviedo, Covadonga y los Lagos, la costa oriental asturiana, algunos pueblos cántabros como Comillas, San Vicente, Santillana... Ávila y Cáceres... y en todas hemos disfrutado muchísimo.

Por cierto, que algunas de ellas las he utilizado para confeccionar un album digital impreso (de manoseo) que ha quedado bastante bien.

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jueves 23 de julio de 2009

Sultán



Sultán vino cachorro a casa cuando éramos unos niños. Pasó su primera noche debajo de mi cama en una gran caja de zapatos, mientras E y yo migábamos pan en leche que iba lamiendo de nuestras manos. Al poco se convirtió en un devorador de calcetines y travieso al punto de meterse en el motor del frigorífico.

De joven le recuerdo en los viajes en coche hasta la playa, en los que sobre el asiento de atrás, encima de nosotros, nos iba arañando las piernas sin parar de moverse, nervioso, gimoteante pero sin dejar de agasajarnos con sus lametones. Cuando se abría la puerta que daba al patio a primeras horas de la mañana, parecía que se preparase un encierro diario de San Fermines, en el que recorría enloquecido cada rincón de la casa para saludarnos uno a uno a su manera: saltando sin parar, apoyando sus pezuñas en el pecho, buscando la caricia de cada uno de nosotros y sin parar de ladrar.

Fue mi compañero en la adolescencia, en mis noches de trasvelo y recepcionista para mis primeras salidas nocturnas; un verdadero amigo y confidente.

Le encantaba corretear en círculo por la arena de la playa, y morder la espuma en el rompeolas para volver a la arena de momento, que no era amigo del agua.

Qué gusto verle comer su arroz partido y con los caparazones de pollo que le guisaba mi madre.. Cualquiera se le acercaba entonces

Y su hocico frío, suave... el lenguaje de sus orejas para hacernos carantoñas o sus pezuñas dando golpecitos en nuestros pies, pidiendo la caricia. Y la cara que nos ponía cuando después de golfear por ahí, aparecía en el umbral de la puerta al día siguiente, para tranquilidad de mi madre a la que sólo le faltó haber llamado a la Guardia Civil.

Lo perdí en 1.998, pero pudo conocer a M. y eso me reconforta.

Se fue rodeado por su familia y desde entonces reposa en un rincón del extenso corral que sólo conoce mi padre, a quien no he vuelto ver llorar.

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la ventana y el mar



Entra por la ventana el bullicio de los transeuntes confundiéndose con el ruído del teclado y el aparato del aire acondicionado en la oficina. Una mirada de soslayo y aparecen madres paseantes con carritos, empleados tomando café, vertiginosas hembras buscando escaparate, el sombrerito panamá del jubilado y el atuendo negro de chef moderno de un camarero con vena.

Me descalzo para sentir el frescor del mármol en los pies. Cierro los ojos, y acabo remangándome los pantalones para no mojarlos con el agua del Atlántico en una playa de arena fina, palmeras de fondo de escritorio de windows y masaje tántrico-filipino.

Son las 12 y paladeo las últimas horas en el curro antes de irme de vacaciones, que no serán en una playa imaginaria sino en piscina hiperclorada de urbanización alternando como dominguero en una playa atestada, pero servirá igualmente para reconstituirme en un año que está resultando agotador en lo personal y profesional, como cuando se está cerca del final de un ciclo y que bien merece una parada.
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domingo 5 de julio de 2009

Acuarela de Maru




"Volando juntos..."


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viernes 3 de julio de 2009

las aspirinas y Stefan Zweig



Un resfriado de 24 kilates como el de mi propiedad, ofrece dos oportunidades magníficas: la coartada perfecta para no levantarte de la cama sin remordimientos antes de las 10 y la excusa necesaria para retomar viejas aficiones como devorar un libro y escribir en este blog casi abandonado (no olvidado).

A poco me han sabido las ciento y pico de páginas de "Ardiente secreto" en el que Stefan Zweig, narra dos momentos vitales coincidentes en la vida de una madre y su enfermizo hijo preadolescente, mientras pasan unos días de descanso en un lujoso hotel en los Alpes, donde la pudiente burguesía austriaca de principios de siglo podía permitirse esos caprichos.

Por un lado, Mathilde "...que se encuentra en esa edad decisiva en la que una mujer empieza a lamentar el hecho de haberse mantenido fiel a un marido al que al fin y al cabo nunca ha querido, y en la que el purpúreo crepúsculo de su belleza le concede una última y apremiante elección entre lo maternal y lo femenino. La vida, a la que hace tiempo parece que se le han dado ya todas las respuestas, se convierte una vez más en pregunta, por última vez tiembla la mágica aguja del deseo, oscilando entre la esperanza de una experiencia erótica y la resignación definitiva. Una mujer tiene entonces que decidir entre vivir su propio destino o el de sus hijos, entre comportarse como una mujer o como una madre. Y el barón, perspicaz en esas cuestiones, creyó notar en ella aquella peligrosa vacilación entre la pasión de vivir y el sacrificio”.

Por otro, un niño que a sus doce años comienza a atisbar las contradicciones del mundo de los adultos y que inicia su metamorfosis entre la excitación del descubrimiento de la vida y el miedo a dejar de sentirse protegido.

Y así transcurrió la mañana entre la lectura y las aspirinas...

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jueves 11 de diciembre de 2008

el desayuno

Confieso que me encanta desayunar café con tostadas, mirarle el culo a la camarera mientras sorteo las gotas de aceite y ojear periódicos gratuitos, y naturalmente todo esto a solas. No me da la media hora para mucho, pero trato de sacarle partido: - "La ministra Bibiana Aído, junto al tenista Rafa Nadal, los dos personajes más buscados en Google"- y no me sorprende puesto que yo mismo he buscado en varias ocasiones a esta señorita en internet y he disfrutado una barbaridad con su blog y especialmente del curriculum vitae que tenía colgado hasta algunas semanas después de haber sido nombrada, nada más y nada menos, que Ministra de la Igualdad. Así es, os reconozco que es una tía que me pone una barbaridad y de la que espero muchísimo. Naturalmente no me estoy refiriendo al ejercicio de su ministerio, sino al porvenir que atesora como personaje televisivo, tipo Pilar Rahola pero con tipazo; así que estoy deseando que se le pase la tontería esta de ser Ministra y empiece a rular por la tele para disfrute del personal masculino, heterosexualmente hablando.. claro.

Que nadie crea que el desayuno ha sido un festín machista, que me lo he acabado con un articulito sobre la intervención de otra hermosa mujer a la que le ha dado por sacar los colores al Iluminado en el Congreso a base de honradez y valentía, a la que admiro desde la más absoluta y normalizada igualdad entre hombres y mujeres y sin excluir fantasiosas siestas de vino y rosas..
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