lunes 28 de enero de 2008

los 400 de ZP

ZP se ha superado. Y que conste que no lo tenía fácil después de la gracia de los 2.500 euros por niño nacido, fuera cual fuera el nivel de renta de sus padres y con el único requisito de que viniera al mundo en fechas posteriores a la ocurrencia del amo.
Ahora viene el descarado en plan dictadorzuelo de república bananera y promete el regalito de 400 euros para todos los lacayos si nos portamos bien en las elecciones. ¡Toma medida socialista! 400 del ala ya seas rico o pobre, y que cada uno se los gaste en lo que mejor le parezca (conozco a unos padres acomodados que piensan adquirir un magnífico televisor de plasma con la "ayudita" del niño). Y lo peor de todo no es el hecho en sí del despilfarro, la falta de rigor y principios o la improvisación de las políticas económicas, lo peligroso es tener como presidente del gobierno otros cuatro años a un hombre que cree que la sociedad española es tan analfabeta como para corresponderle por esto en las elecciones.

Vamos apañados si ésta es la medida para paliar el impacto de la crisis económica en las carteras familiares. ¿A esto alcanzan los asesores económicos de este gobierno? Y digo yo, ¿por qué no 500 o 1000? ¿Cuál es el criterio para que sean exactamente 400 euros?

A mi esto me produce sonrojo y vergüenza ajena. Y al ministro Solbes , ¿qué le da?.

*

domingo 27 de enero de 2008

velada para dos

La fiesta en el salón acabó más allá de las 4 de la madrugada tras los bailes a ritmo de Miguel Bosé (sí, lo se... pero es que a M le pirra este pollo) y sus correspondientes pelotazos en vasos largos. Antes fueron el pescaíto frito, las botellas casi glaciales de vino blanco y una conversación con solera para dos.

Pero claro, a eso de las 8:00 a. m., ya tenía a Juan metido en la cama pisándome y tirando de mi brazo para que le pusiera la tele y de paso recordar que su mamá y yo dejamos de ser novios hace tiempo.

Entra un sol precioso por la ventana anunciando un domingo que habrá de pasarse en la calle cuando se me quite el dolor de cabeza. Ojalá haya churros congelados y paracetamol de 1 g.

(Se que esta entrada pastelera tiene interés cero, que conste...)

*

martes 22 de enero de 2008

la multa

Serían las 9 de la mañana y sonaba "la lengua popular", cuando de repente apareció en el retrovisor un Patrol de la Guardia Civil con toda la parafernalia de luces y gálibos de colores y con no menos de tres civiles con cara de mala leche dentro. No diré que me acongojé como con los fantasmas del hospicio, pero os aseguro que el corazón parecía una turmix por no saber por qué me mandaban parar en el arcén.



¿Y si alguien me ha metido un paquete en el maletero? ¿me habrán confundido con un terrorista? ¡espero no haber atropellado a nadie sin darme cuenta! Por el cinturón no es porque lo llevo puesto, pero a saber a qué velocidad venía... lo mismo llevan media hora detrás en plan persecución de telediarios americanos y hasta me han pegado dos tiros de advertencia sin que me entere, que tengo que dormir más... ¿Y si lo que ocurre es que van a por el tío que va delante y lo que quieren es que los deje adelantar porque les estorbo?


- Deme el permiso de conducir
- Tome. ¿Qué ha pasado?
- Ha adelantado sin respetar una señal vertical de prohibición y linea continua, ¿no se ha dado cuenta?
- Pues no. Ni siquiera recuerdo haber adelantado.
- Deme el permiso de circulación, la ficha técnica del vehículo y el último recibo del seguro. -
Se ve que creyó que le vacilaba y por poco no me pide la partida de nacimiento y la fé de bautismo.

Me puse a buscar en la guantera con las piernas flojas y las manos temblando, como si le estuviera tocando las tetas a la Directora General, para sólo encontrar el recibo del seguro:

- No encuentro los otros documentos que me pide. Hace unos meses me robaron y hasta este momento no he echado en falta nada de esto, pero al parecer se llevaron los papeles del coche.

Igual son cosas mías, pero me pareció que en la cara del guardia se dibujaron las señales inequívocas de la satisfacción. Como si pudiera leer en su pensamiento un "ya te tengo". Y temí lo peor mientras hacía memoria sobre los dichosos papeles y el momento del adelantamiento maldito.

Confieso que me puse charlatán y comencé a darle coba: que si había colaborado con sus mandos en tal y cual cosa (y es verdad), que no sabía cómo me había podido ocurrir eso conociendo la carretera palmo a palmo y ¡con lo prudente que soy al volante! (que es medio mentira), que si qué mala suerte que para una vez que cometo un error ...(que es mentira completa); ya sabéis, un poco de vaselina con idas y venidas de las que dan un poco de vergüenza ajena.

- Fime aquí. - y me acercó un papelito que garabateé sin rechistar-. Le he multado por rebasar la linea continua; sin hacer mención al adelantamiento prohibido que ha hecho - (¿para que rebasa un tío linea continua si no es para adelantar??) - En lugar de 300 euros y la pérdida de 4 puntos, la multa es de 90 euros que si la abona antes de 30 días se quedan en unos sesenta y tantos. - que conste que las cifras y los días para pagar son aproximados.

Salí de allí aliviado y dando gracias al picoleto a pesar de la clavada, que al menos no me inmovilizaron el coche, me quitaron el carnet, no me metieron en el Patrol para charlar un ratito conmigo y sobre todo porque no me había cargado a nadie mientras escuchaba a Calamaro.

Nada más llegar a mi destino, fui a denunciar la sustracción de la documentación al cuartelillo al que por cierto bien vendría una reforma:

- ¿Qué debo hacer para renovar la documentación del coche y el permiso de circulación? Pregunté tras formalizarse la denuncia.
- Pues no se; a mi gracias a Dios nunca me ha pasado. De todas formas le recomiendo que haga lo que yo, que siempre llevo una fotocopia compulsada por si me roban. - ¡Madero dixit! ... ¿Por si le roban a él?!!
- ¡Cáspitas! ¡Rayos! ¡Centellas! ¡Pardiez! o algo parecido recuerdo haber dicho para mis adentros mientras buscaba la salida y esquivaba la ropa tendida de los guardias en aquel patio con las bajeras tupidas de líquenes verdes.

Y es que ese color, sin dudarlo, me trae mal fario.

*

jueves 17 de enero de 2008

la Iglesia y el Hospicio de San Luis de los franceses

La Iglesia de San Luis de los franceses es uno de los templos barrocos más hermosos y desconocidos de Sevilla. Situado en el corazón del barrio de la Macarena, se emplaza en una calle angosta y con poca luz que no merece en absoluto albergar esta pequeña joya. Una lástima que a penas luzcan ni la fachada ni la soberbia cúpula, pero al parecer las tropelías urbanísticas en esta ciudad no son cosa de ahora.

Una vez en el interior te sobrecoge el espacio entre las tribunas y altares cubiertos de celosías de madera dorada, las hermosas rejas de forja, los frescos del interior de la cúpula y las columnas estriadas. Destacable también es el retrato de San Luis obra de Zurbarán situado sobre el altar mayor.



Cerrada al culto desde hace años, es utilizada como sala de conciertos y pequeñas representaciones de teatro, siendo en origen la capilla de un antiguo noviciado de jesuitas y posteriormente del hospicio de niños huérfanos. Es por esta razón que no pertenece a la Iglesia sino a la Diputación provincial, que era en aquella época la que gestionaba la beneficencia.

La descubrí por casualidad durante una breve escapada de un cumpleaños en casa de un familiar vecino de la Iglesia. Y como tardé poco en la visita, me colé a curiosear en el antiguo hospicio colindante, lugar hoy del centro de documentación de artes escénicas y también destino de no pocos estudiosos de fenómenos fantasmagóricos y paranormales. Al parecer no han sido pocos los testimonios de empleados manifestado oír gritos y risas histriónicas de niños, apariciones de fantasmas o movimientos inexplicables de objetos en las noches en las que realizaban sus faenas.

El lugar podría haber sido el escenario elegido por los guionistas de películas como el Orfanato: pasillos interminables, fuerte olor a humedad, enormes ventanales desvencijados, claustro en ruinas con restos romanos y un silencio que bien podía cortarse con un cuchillo sólo roto por el eco de las pisadas. Con todo no era cuestión de entretenerse en la visita, entre otras cosas porque el guardia de seguridad advirtió que estaban a punto de cerrar. Así que ya me dirigía a la salida cuando en una de las puertas vi una luz tenue que alumbraba el subsuelo. Me acerqué y comprobé que se trataba de la cripta de los niños expósitos, alguno según leyenda con una muerte aun más cruel que su propia vida. No falta decir que salí a toda leche no fuera que mi presencia fuera considerada como inapropiada por el personal de ultratumba y paso de líos con los asuntos del más allá.

Y así transcurrió el receso de aquel cumpleaños; entre el disfrute y el acojone. Poco tardarían en volver los gritos de los niños vivos, los globos y el chocolate caliente, pero ambas sensaciones se quedarían conmigo toda la tarde.

*

martes 15 de enero de 2008

del cajón y Pinocchio

Reconozco que volví buscando razones para seguir dando vida a este espacio al que parece se le afiló la nariz.

El cajón fue construido por casualidad mientras trasteaba por la red y cual e-Gepetto con su muñeco, comencé a divertirme mientras medía, cortaba y apuntillaba los tacos de madera, daba barniz y secaba, sin pensar en las cosas que podría guardar en él y con la única satisfacción de juntar unos cuantos códigos html.

Poco más tarde descubrí que el artilugio podría servir para practicar la redacción y soltarme en esto de amontonar palabras, como si se tratara de un gimnasio en el que sacar músculo al hemisferio izquierdo de mi cerebro o de esos cacharros con los que algunos pretenden mantener la chorla en forma a base de sudokus y cálculos varios.

Y así fue llenándose poco a poco de opiniones improvisadas, recuerdos y vivencias personales, viajes y otras minucias que sin pretenderlo, sirvieron de reclamo a un puñado de visitantes desconocidos a los que inesperadamente pareció interesar lo que aquí encontraron. Aun así, lo mejor sería descubrir cómo cobraba vida a base de abrirlo y cerrarlo, de guardar en él los comentarios que dan movimiento a la idea propuesta y sobre todo, que el cajón se vuelve ventana a tantos rincones donde reir, deambular, reflexionar o emocionarse.

Otras veces, el cajón del batanero es buen compañero para chillar y susurrar a partes iguales aun cuando no haya nadie cerca, y eso sin que te llamen loco, no es poca cosa.

Y como encontré un puñado de razones y soy el carpintero creador, he decidido que respire hondo, se levante y camine con las carnes prietas y el paso firme, que ya me encargaré, gubia en mano, de retocarle las narices.

Ahí va un soplo de vida, mi querido cajón... mi querido Pinocchio:



de tal palo... una mirada atrás de Juan y Pablo

*

miércoles 2 de enero de 2008

fin de año en Carvoeiro

Por segundo año consecutivo pasamos el fin de año en Carvoeiro, un pequeño pueblo del Algarve portugués rodeado de pequeñas calas y hermosos acantilados dorados.


Foto izda: Un pequeño chiringuito perdido en una cala
Foto dcha: Carvoeiro

Nos alojamos en el Hotel Tivoli Almansor, un cuatro estrellas del que destacaría las vistas desde la cafetería de la 5ª planta, la piscina climatizada con un pequeño spa y la comprensión del personal con las travesuras de los niños aun sin domesticar. Reservé con Atrápalo a un precio increible: 50 leuros/noche desayuno incluido.
Los tres días han transcurrido entre paseos y cervezas marineras, juegos en la piscina y suculentas comidas en las que no faltaron el bacalao, los arroces, las sopas de pescado y el vino verde.


Calas y Acantilados del Algarve entre Carvoeiro y Portimao

Con catorce adultos y sus correspondientes vástagos, la diversión y las buenas tertulias eran tan seguras como el estrés que supone ponernos todos de acuerdo, encontrar mesa y sobre todo mantener a raya a tantos niños (especialmente a los míos que son de largo los más inquietos).
Tras una cena selfservice en el hotel con pianista de smoking incluido, los que pudieron tomaron las uvas a ritmo improvisado de cuchara sobre botella vacía a eso de las once (hora portuguesa): Pablo en ese momento comenzó a llorar desconsoladamente y cuando regresé con el milagroso apiretal con el que calmar sus dolores dentales, el personal había dado cuenta de las uvas que amablemente nos habían traído para la ocasión (por lo visto en Portugal toman uvas pasas para celebrar el cambio de año). En mi segundo intento por tomar las uvas con motivo del fin de año portugués, Juan comenzó a vomitar sobre los historiados sillones y moquetas del comedor. Así, mientras pretendía limpiar el desavío con una servilleta y cara de sueco, tampoco me fue posible dar cumplimiento a la tradición. Después vendría el baile, las serpentinas y los gorritos imposibles. Para entonces ya estaría en la terraza tomando una copa de champagne con M. y disfrutando del rumor de las olas del Atlántico en una brevísima tregua que nos concedieron los niños.

*

ir arriba