jueves 11 de diciembre de 2008

el desayuno

Confieso que me encanta desayunar café con tostadas, mirarle el culo a la camarera mientras sorteo las gotas de aceite y ojear periódicos gratuitos, y naturalmente todo esto a solas. No me da la media hora para mucho, pero trato de sacarle partido: - "La ministra Bibiana Aído, junto al tenista Rafa Nadal, los dos personajes más buscados en Google"- y no me sorprende puesto que yo mismo he buscado en varias ocasiones a esta señorita en internet y he disfrutado una barbaridad con su blog y especialmente del curriculum vitae que tenía colgado hasta algunas semanas después de haber sido nombrada, nada más y nada menos, que Ministra de la Igualdad. Así es, os reconozco que es una tía que me pone una barbaridad y de la que espero muchísimo. Naturalmente no me estoy refiriendo al ejercicio de su ministerio, sino al porvenir que atesora como personaje televisivo, tipo Pilar Rahola pero con tipazo; así que estoy deseando que se le pase la tontería esta de ser Ministra y empiece a rular por la tele para disfrute del personal masculino, heterosexualmente hablando.. claro.

Que nadie crea que el desayuno ha sido un festín machista, que me lo he acabado con un articulito sobre la intervención de otra hermosa mujer a la que le ha dado por sacar los colores al Iluminado en el Congreso a base de honradez y valentía, a la que admiro desde la más absoluta y normalizada igualdad entre hombres y mujeres y sin excluir fantasiosas siestas de vino y rosas..
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miércoles 3 de diciembre de 2008

de la ciudad de las personas...


la Plaza de San Francisco en el espacio que va desde que te asalta una rumana armada con La Farola y un drogadicto cantando por los Chichos


Pasear por el centro y tomar una cerveza en el velador de cualquier plaza, tiene un peaje que cada día me resulta más molesto; vamos, bien me pone de mala baba.


A penas te bajas del coche, y sin que nadie facilite la maniobra, hace su aparición el primero de la tarde: el genuino, el auténtico y sin par gorrilla, que por generación expontánea, se apresura a extorsionarte por aparcar el vehículo en lugar habilitado para ello y por el que se pagan religiosamente suculentos impuestos municipales.

Al punto de acomodarte y pedir la carta de las tapas mientras comentas lo hermosa que está la ciudad en esta época, llega otra que tal baila: la rumana de hedor nauseabundo que intenta meterte por las narices el periódico "La Farola" haciendo caso omiso a la educada negativa que se le ofrece con el leve gesto de la mano y un "no" con sonrisa.

No tarda el desgraciado que con media botella de lejía en la mano, aporrea los oídos con una rumba desagradable a rabiar y que perturba la conversación hasta la irritación y tratas de proteger la ensaladilla de los salivazos que se le escapan al parias entre su maltrecha dentadura.

A penas se te ocurre pedir la segunda cerveza, ya está al acecho la nueva especie que convive con las palomas y los pelusos de la Plaza del Salvador: el acordeonista y acompañante, también rumanos, interpretando la nueva banda sonora de las calles del centro, ese especimen musical que cual eucaliptus prolifera matando la flora autóctona: larga vida al "bésame mucho" versión rumaní, que muera la soleá:

- No tengo (me disculpo armándome de paciencia ante su solicitud)
- ¿no tienes diez céntimos?, me inquiere con sonrisa socarrona en voz alta, afeando mi conducta públicamente.
- Le he dicho que no. - Y se retira a otra mesa protestando, airado.

De vuelta a casa y en el primer semáforo en rojo, un negro aporrea la ventanilla del coche ofreciéndome pañuelos de papel, sin atender la negativa que le ofrezco, viéndome nuevamente en la necesidad de pedir por favor que dejen de molestarme.

En los siguientes dos semáforos ocurre casi lo mismo y llego a casa hasta los huevos de tanto pedigüeño y extorsionador incontrolado, jurando en arameo y sintiéndome como un bellaco, encima.

Sevilla, ciudad de las bicicletas y personas mendicantes.

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