Un resfriado de 24 kilates como el de mi propiedad, ofrece dos oportunidades magníficas: la coartada perfecta para no levantarte de la cama sin remordimientos antes de las 10 y la excusa necesaria para retomar viejas aficiones como devorar un libro y escribir en este blog casi abandonado (no olvidado).
A poco me han sabido las ciento y pico de páginas de "Ardiente secreto" en el que Stefan Zweig, narra dos momentos vitales coincidentes en la vida de una madre y su enfermizo hijo preadolescente, mientras pasan unos días de descanso en un lujoso hotel en los Alpes, donde la pudiente burguesía austriaca de principios de siglo podía permitirse esos caprichos.
Por un lado, Mathilde "...que se encuentra en esa edad decisiva en la que una mujer empieza a lamentar el hecho de haberse mantenido fiel a un marido al que al fin y al cabo nunca ha querido, y en la que el purpúreo crepúsculo de su belleza le concede una última y apremiante elección entre lo maternal y lo femenino. La vida, a la que hace tiempo parece que se le han dado ya todas las respuestas, se convierte una vez más en pregunta, por última vez tiembla la mágica aguja del deseo, oscilando entre la esperanza de una experiencia erótica y la resignación definitiva. Una mujer tiene entonces que decidir entre vivir su propio destino o el de sus hijos, entre comportarse como una mujer o como una madre. Y el barón, perspicaz en esas cuestiones, creyó notar en ella aquella peligrosa vacilación entre la pasión de vivir y el sacrificio”.
Por otro, un niño que a sus doce años comienza a atisbar las contradicciones del mundo de los adultos y que inicia su metamorfosis entre la excitación del descubrimiento de la vida y el miedo a dejar de sentirse protegido.
Y así transcurrió la mañana entre la lectura y las aspirinas...
Por otro, un niño que a sus doce años comienza a atisbar las contradicciones del mundo de los adultos y que inicia su metamorfosis entre la excitación del descubrimiento de la vida y el miedo a dejar de sentirse protegido.
Y así transcurrió la mañana entre la lectura y las aspirinas...
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2 dicen que...:
Bendito resfriado que te ha traído de nuevo aquí.
Dosifica las aspirinas para no caer de nuevo en el abandono, que no en el olvido.
Abrazos
Gracias por el comentario en mi blog Juan, ya había perdido las esperanzas de volver a hablar contigo.
En cuanto a lo que comentas de mi decisión... primero fue por obligación, después vinieron las reflexiones.
Más abrazos
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